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Superando la culpa


Son muchas las informaciones y artículos publicados que sugieren que los padres son responsables si sus hij@s no viven según las expectativas sociales, o si no tienen un comportamiento “aceptable “por la sociedad. Y, por lo tanto, si sus hij@s se comportan mal, sus padres son culpados y condenados por ello.

Esta forma de pensar no sólo es falsa, sino que fomenta que los padres, al pensar que están siendo juzgados, se sientan en la obligación de explicar a sus hij@s lo que hacen y porqué lo hacen, sintiéndose culpables en el caso de que estos no acepten de buen agrado sus decisiones. Este sentimiento de culpabilidad, en la mayoría de los casos, conlleva una autodescalificación como padres primero (“no soy un buen padre”, “no lo estoy haciendo bien”) y una autodevaluación como personas después (“si no soy un buen padre no valgo nada, soy un fracaso como persona”). Y son este tipo de pensamientos o creencias las que impiden que los problemas no se resuelvan y que, en algunos casos, se perpetúen en el tiempo.

¿Qué pensamientos pueden tener estos padres? Pues, por ejemplo::

  • “Debo sentirme culpable cuando le digo a mi hij@ que “no”.

  • “Tiene que haber una solución perfecta a los problemas de mi hij@ y si no la encuentro es horroroso”.

  • “Es necesario que mis hij@s entiendan el porqué de las decisiones que tomo, porque si no es así pueden pensar que no les quiero y eso sería horrible”.

  • “Las responsabilidades de los padres nunca terminan”.

Cuando los padres acuden a mi consulta en busca de ayuda y consejo, el principal objetivo que nos marcamos es el de conseguir su autocontrol emocional para poder, así, retomar el control como padres. ¿Cómo? Evaluando, cuestionando y debatiendo estos y otros pensamientos de autoderrota que, además de no ser efectivos en la ardua labor de educar a los hij@s, también les puede afectar en otras áreas de su vida.

Para ello, usamos el modelo ABC como herramienta de reeducación emocional desarrollado Albert Ellis, fundador de la Terapia Racional Emotiva Conductual. Gracias a este modelo, los padres aprenden a dominar sus miedos y a poder enfrentarse a los conflictos y a las frustraciones inevitables que surgirán en la educación de los hijos, además de ganar más confianza consigo mismos y a autoaceptarse de una forma incondicional, esto es: independientemente de que ganen o pierdan en cualquier actividad ellos siguen teniendo el mismo valor como ser humano, no significa que sean mejores personas si tienen éxito ni peores personas si no lo tienen.

Y ¿cómo pueden evaluar, cuestionar y debatir estos pensamientos de autoderrota? Haciéndose estas y otras preguntas, por ejemplo:

  • “¿Por qué debo sentir culpa por cometer errores? ¿Por qué no puedo mejor, tratar de cometer menos errores en el futuro y no condenarme en el presente?”

  • “¿Por qué cada problema debe tener una solución perfecta? ¿Por qué me irrito tanto si no la encuentro?”

  • “¿Por qué necesito la aprobación de mis hij@s? ¿Por qué es tan horrible cuando mis hij@s amenazan con no quererme?”

El objetivo es que los padres adquieran unos pensamientos más flexibles y tolerantes respecto a los problemas con sus hij@s, de forma que no les provoquen sentimientos de culpa, pena, rabia, vergüenza o depresión.

En este proceso, les enseño también habilidades de escucha, a que se tomen las críticas de sus hij@s con menor seriedad, a que aprendan a relativizar. Y, poco a poco, se van dando cuenta que realmente no es obligatorio seguir una determinada “receta” para educar a sus hij@s, que pueden usar su propio juicio para hacerlo y que, tanto si cometen errores como si no, su valor como ser humano no depende de que sus hijos tengan un buen o mal comportamiento. Y es que aprender a perdonarse por ser unos padres imperfectos de unos hij@s imperfect@s es vital en este largo, complicado y apasionante camino que es educar a los hij@s.


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