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¿Porqué las cosas no van por el camino que yo quiero?


¡Cuántas veces nos hemos hecho esta pregunta! ¿Verdad? Y es que muchas veces, sin darnos cuenta, nos encontramos exigiendo que las cosas sean como nosotros queremos que sean.

Es normal que nos sintamos frustrados cuando, de ejemplo, un proyecto que pensamos con mucha ilusión no conseguimos materializarlo; la frustración (u obstáculo entre los deseos y la realidad) es normal y forma parte de la vida. También es lógico sentirse contrariado y algo triste ante cualquier acontecimiento negativo que nos ocurre.

Pero existen personas que ante cualquier inconveniente, problema o fallo que aparece en su camino se sienten fatal, diciéndose muy a menudo lo terribles y horrorosas que son las cosas que le suceden: “¿Por qué me sucede esto a mí? ¡No puedo soportarlo!” Este tipo de pensamientos conlleva a que estas personas se sientan muy irritadas, profundamente tristes y abatidas porque están frustradas.

¿Es lógico sentirse así? ¿Realmente, hay alguna razón para creer que las cosas deberían ser de forma diferente a lo que son, al margen de lo injusta o desafortunada que sea la situación actual de cada uno? Claro que es normal que haya determinadas condiciones o personas que no nos gusten, pero lo que no es razonable es que nos sintamos perturbados porque la realidad sea la que es.

A veces sería agradable que las cosas fueran de diferente manera, o que tuviéramos lo que esperamos de la vida, en lugar de lo que en realidad tenemos. Pero el hecho de que sería agradable que fuera así no lo transforma ni nos da razones serias para llorar cuando no es así. La vida es como es, mantener una actitud exigente con respecto a la realidad sobre cómo debe ser, conduce a más sufrimiento que beneficio.

¿Qué podemos hacer para afrontar las circunstancias frustrantes de la vida de una forma más sana y sobre todo útil?

  • Preguntarnos: “Realmente, ¿esto que me ha pasado es tan horroroso que no lo puedo soportar?”. Muchas veces tendemos a terribilizar la situación desagradable, en lugar de verla como “desafortunada”, “negativa” o “frustrante”.

  • Cuestionarnos la exigencia: “Realmente, ¿mi conducta es más eficaz si soy exigente? La verdad es que cuanto más exigentes seamos menos eficaces seremos a la hora de afrontar la situación; una actitud calmada nos ayudará muchísimo a la hora de buscar soluciones alternativas para mejorar la circunstancia desagradable, si las hay.

  • Aceptar que lo que no depende de nosotros no lo podemos cambiar. Y es que, cuando las cosas no son como nos gustaría que fueran, debemos luchar para cambiarlas; algunas veces lo conseguiremos, otras no. Pero cuando es imposible cambiarlas (por el momento o para siempre), lo que a menudo ocurre, la única cosa sana que se puede hacer es resignarnos con nuestro destino y aceptar las cosas como son.

Cuando aprendemos a tolerar las situaciones frustrantes que, irremediablemente, la vida nos depara, aprendemos también que podemos ser felices a pesar de que no todas las cosas son como queremos que sean.


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